64
Galo siente de pronto una chispita
de gusto dentro del corazón. Para su
sorpresa, ella lo alimenta dándole
carne de venado y una extraña bebida
que él toma de prisa.
A la luz de la luna, que esa noche
es redonda, la mujer le arranca los
harapos que no pueden ya —por
mÁs esfuerzos que hacen— cubrir su
cuerpo, y lo conduce entre grititos
y empujones al río. En sus aguas, lo
sumerge varias veces tallÁndole el
cuerpo con unas hierbas secas de
golondrina y le lava la cabeza con
estafisagria, o sea, zacate piojero.
Galo piensa que es demasiada mala suerte lo que le
sucede. Puede resistirlo todo: que lo pierdan, que le den
una paliza, hasta que los yaquis lo atrapen; pero un baÑo,
¡eso sí que no!
Siente de pronto cómo la fuerza regresa a su cuerpo
y la utiliza para salir corriendo desnudo con la velocidad
de un rayo. La mujer grita, Él corre mÁs fuerte y choca en
seco con algo muy duro.